Dormía plácidamente, sumida en sueños profundos y con las facciones relajadas. Desnuda, con la sabana enrollada a los pies y la almohada entre las piernas, rozando su sexo.
Los rayos de sol mañanero empezaban a filtrarse por las lamas de la persiana, dibujando en su cuerpo luciérnagas pintadas en su piel.
En la profundidad del sueño, acertó a oír un ruido proveniente de la habitación. Al entreabrir los ojos pudo ver una sombra que se abalanzaba sobre la cama, una sombra difusa, grande y rápida. En el momento de abrir la boca y los ojos a la vez, la sombra le colocó violentamente una bolsa de plástico en la cabeza atándola fuertemente al cuello.
Gritó. Con una mano intentó rasgarla y lo consiguió…un rasguño pequeño pero que le permitiría respirar al menos.
Presa de la sorpresa solo atinaba a mover brazos y piernas para desprenderse de ese ser que le atacaba violentamente pero eran esfuerzos en vano. Una lámpara que había en la mesilla cayó al suelo con estrépito junto a unos vasos de cristal que se hicieron añicos. En otro movimiento, el estore de la ventana que colgaba encima de su cabeza fue arrancado de cuajo llevándose consigo los tacos que lo amarraban a la pared de mares.
El agresor forcejeaba con sus miembros, los aplastaba inmovilizándolos, con pies, piernas y brazos musculosos. Ella cada vez más indefensa solo podía gritar pero inconscientemente sabía que en esa buhardilla, vestida de madera e insonorizada expresamente, era difícil que sus aullidos salieran de la casa.
En ese momento notó el acero punzante en su garganta. El muy cabrón tenía una navaja…
-”Shhhhh, si te mueves y gritas mas, te mato aquí mismo”
Esas palabras, esa voz profunda, esa expresión de dientes apretados mientras las decía hicieron que ella parase inmediatamente de luchar.
- “Por favor….que quiere? que hace?….déjeme por favor…”
Sus palabras lastimosas tuvieron una respuesta en forma de mano avanzando por la cara interior de su muslo, subiendo lentamente hasta su coño. Se dio cuenta de que estaba muy mojada debido al sueño que estaba teniendo: un sueño en que estaba en un cine con un hombre a cada lado y sus manos, sus bocas y sus pollas pujaban por poseerla.
La mano del agresor llegó hasta su cueva, repleta de flujo. Al meter un dedo, se abrieron los labios y el líquido acumulado humedeció el resto de su coño.
- “Estas muy mojada, puta…”
Entonces ella se dio cuenta de que iba a ser violada, de que eso era el trofeo que aquel cabrón quería conseguir. Violarla, follarsela hasta quedarse satisfecho.
Rápidamente pensó alguna solución, algo que hiciera que aquel bestia se distrajera y pudiera escapar de un salto y bajar las escaleras hasta la calle. Sus ideas se apelotonaban, bullían….hasta que se quedó en blanco. El bastardo había llegado a su clítoris….y eso significaba rendición. Paró de luchar mientras una sensación voluptuosa invadía su cerebro.
- “Que puta eres, tiene razón este tío….te vas a dejar hacer, te vas a dejar follar, verdad zorra?” pensó…
La mano del agresor invadía cada vez más su coño. Este ya goteaba como un grifo abierto irremediablemente, Inconscientemente abrió las piernas, su cerebro le decía que no pero el resto de su cuerpo, que si.
“Así me gusta, perra. Ábrete mas, déjame hacer y no te haré nada”
Obedientemente, con el corazón a mil por hora, comprendió que no merecía la pena luchar, que tenía que conservar la vida, aunque eso fuera a costa de dejarse hacer perrerías por ese cabronazo.
Abrió mas las piernas, dejando su coño a su merced. Había claudicado.
El agresor fue bajando la cabeza mientras posaba la navaja en el borde de su culo, haciéndole ver que si hacía algo raro lo metería allí de golpe, rajándolo.
Su cabeza llegó al coño y su lengua empezó a beber su flujo. Ella sintió una descarga eléctrica que sumió sus músculos en un relax inusitado y cerró los ojos dentro de la mugrienta bolsa. El chupó, succionó, lamió, emitió sonidos guturales mientras devoraba su manjar y ella, sintiéndose más puta que nunca, arqueó las caderas para que entrara más dentro, para que la chupara a su antojo.
Su destreza era increíble, las lamidas acertaban justo donde ella soñaba que alguien acertaría alguna vez, la estaba llevando al paroxismo, a la locura. Las caderas ya estaban en el aire, facilitando aun más el trabajo. El hijo de puta se estaba dando un festín y ella sabía que iba a gritar como nunca si seguía así.
En un momento él separó la boca, subió la cara empapada y le dijo:
-” Lo pasas bien, puta?¨”
- “Si….” atinó a decir ella.
- “Mas fuerte, dímelo mas fuerte!”
- “SI!”
- “Tranquila perra, disfruta. Cuando termine aquí abajo, cuando me harte, te voy a follar como nadie te ha follado jamás”
Y volvió a meter su cara, su lengua y sus labios en el coño empapado.
En ese momento sonó el timbre de la puerta.
Instantáneamente se quedaron quietos, expectantes, sin respirar siquiera….alguien había abajo.
El timbre sonó de manera más insistente esta vez.
- “Shhhhh, no hables, no grites, no abras tu puta boca o te sacaré las entrañas. Espérame aquí, quieta. Voy a ver quien es. Si te mueves te arrepentirás” siseó él mientras encaminaba sus pasos al recibidor.
En unos segundos se oyeron voces susurrantes abajo. Ella no sabía que pasaba, paralizada por el miedo, con ganas de que volviera a subir y terminara con el “trabajo” (que puta…) y esperanzada a la vez de que alguien acudiera a su rescate.
Oyó la puerta cerrarse. Pasos en los escalones de madera y notó enseguida su presencia su olor a macho en la habitación.
Una mano quitó la bolsa de su cabeza y pudo ver su cara. Una cara normal, con rasgos interesantes, levemente juvenil pero de facciones duras y barbilla pronunciada.
- “Sabes quien era? Tu madre”
Ella asintió sin dejar de mirarlo con la boca abierta.
-” No me habías dicho que hoy era su cumpleaños y comíamos en su casa…”
- “Se me olvidó…”
Entonces él sonrió levemente y ella, relajada y rota de tensión, sonrió a su vez.
- “Estos juegos se están convirtiendo en algo peligroso….cada vez van a mas. Mira lo que has hecho con el estore que compramos en Madrid…te lo has cargado. Y valía una pasta…”
Ella, sonriendo, asintió y le dijo:
-”Compraremos otro. Ten cuidado con los cristales del suelo, cariño. Te quiero entero”
El se acercó y la besó, esta vez dulcemente. Mientras lo hacía ella saboreó en sus labios sus propios jugos y se volvió a excitar. Llevó las manos a su pantalón y notó su polla aun dura…”
- “No me puedes dejar así…termina la faena, cabrón”
Y él se dejó caer en la cama mientras en la calle empezaba el bullicio de coches y humanidad con prisas.











