VIRGEN VIOLADA
Eran las 9 de la noche en la Universidad, estaba terminando carrera y el trabajo de proyecto la ocupaba todo el tiempo, en las últimas entregas el auxiliar del profesor había mostrado más que nunca su comportamiento agresivo en contra de ella. La última vez había perdido un informe “accidentalmente” y casi le cuesta la beca porque debía haberlo entregado especialmente para un informe a unos altos directivos a la Universidad, eso en verdad la tenía exhausta y desesperada hasta el ataque de nervios.
Hoy estaba trabajando en las oficinas del profesor y este había salido debido a un compromiso y dejó al auxiliar, o mejor dicho su hijo menor de 26 años más o menos, para que trabajara con ella y para que terminaran de reunir los informes para el próximo mes.
Mariana era una muchacha de cabello negro hasta la cintura, la piel blanca contrastaba con unos labios rojos y ojos miel claros, que la habían convertido en el atractivo de la Universidad durante los últimos semestres. Sin embargo ella era muy tímida, aunque hace unos meses por recomendación médica tuvo que ingresar al gimnasio y prácticamente ahora tenía el cuerpo mejor formado que muchas de sus amigas, convirtiéndose en algo muy incómodo. En especial el atractivo eran sus nalgas, paraditas y redondas, eso sin contar el rostro y el cabello sedoso. Muchos habían querido salir con ella, sin embargo en sus prioridades estaba sólo el estudio y su familia, así que los demás aspectos de su vida no importaban, eso lo había decidido desde que tuvo conciencia.
Cada segundo tintineaba en su reloj de tal manera que se había convertido en un pequeño susurro causante de un sueño incontrolable, así que en menos de 10 minutos se voy llevada por Morfeo en el sillón de la oficina, aprovechando que el joven llamado Augusto, había salido con su novia a tomar algo y pasear, bueno en realidad eso no le importaba, siempre ella terminaba las cosas por hacer, así que cerró la puerta con llave y se dispuso a descansar un poco y se quedó profundamente dormida.
Una leve brisa la hizo reaccionar al sentir un frio algo fuerte comparado con el acostumbrado, pero al abrir los ojos vio la imagen menos esperada de todas, tenía frente a ella a Augusto completamente desnudo y ella en las mismas condiciones, solo que atada de pies y manos al sillón. En esos momentos se arrepentía el haberle recibido ese café que tan amablemente le había ofrecido hace unos 15 minutos, de pronto las imágenes le dieron vueltas y no podía reaccionar a la situación en forma coherente.
* ¿Qué pasó?, por Dios mi ropa, estoy desnuda, ¿Qué piensas hacerme Augusto? – le dijo ella mientras empezaba a llorar.
* ¿Eres una idiota?, ¿No es obvio? Ya te lo imaginas mi pequeña zorrita, te voy a violar – le contesto el como si estuviese dictando una fórmula matemática.
* No lo hagas Augusto, yo soy – le decía ella sin que él la dejara terminar.
* Virgen, lo sé – le dijo – es por eso que quiero ser el primer hombre en tu vida sexual, porque como veo has desperdiciado gran parte de tu existencia hasta el momento absteniéndote de los placeres de ese cuerpo que tienes.
* Pero yo no quiero, no me estás haciendo un favor Augusto, me vas a hacer daño – le dijo ella llorando ahora porque el muchacho se estaba masturbando frente a ella y su pene estaba adquiriendo una proporción notable – además yo no quiero acostarme con nadie.
* Mmmm – decía él – a veces no sabes lo que quieres y yo te voy a enseñar a disfrutar del sexo, deberías sentirte alagada, yo sólo me acuesto con las mejores, y eso eres tú.
* Pero si tú me odias – le reclamó la muchacha – ¿por qué te quieres acostar conmigo? ¿Acaso te parezco atractiva? – le gritó – ¿acaso no te importa tu novia?
* Te puedo odiar, pero ese cuerpo y toda tú no pasas desapercibida a mis deseos, y no tengo problema en pasar un buen rato contigo mientras mi noviecita se come un helado, además el sexo con ella está algo monótono, incluso me pregunto a que sabrás.
Mariana trataba de soltarse al ver que Augusto sacaba un condón de su pantalón y la veía en forma lujuriosa mientras se lo colocaba con sumo cuidado y con naturalidad como si hiciera otra cosa menos estar a punto de violarla.
* Augusto, por favor – le rogó ella observando una vez más la desnudes del muchacho y de ella, nunca pensó verlo de esta manera, él era un hombre muy atractivo, pero igual de prepotente, tenía el cuerpo trabajado que permitía apreciar los músculos trabajados en el gimnasio también.
* No llores niña – le dijo el muchacho – dentro de un rato querrás que lo repita todos los días – mientras reía – en verdad pensaste que ibas a pasar la Universidad siendo virgen, para mujeres encantadoras como tú y así de difíciles, estoy yo.
* Auxilio, auxilio – gritó ella.
* No grites, no hay nadie en la escuela, sólo tú desnuda y yo encima de ti en unos minutos – dijo riendo.
Mariana se recogió impidiendo que él se fuera a acercar, pero ya tenía todo listo, cuando ella se percató tenía al joven encima, ya que tirando una pequeña cuerdita hacía que todo su cuerpo se abriera y le permitiera libertad a Augusto. Empezó a tocarla sin pudor y buscó su boca para desahogar las ganas de poseerla, porque ahora que la tenía dominada estaba desquitando la imposibilidad de tenerla años antes, ya que pretendió a Mariana unos meses hasta que ella muy amablemente le dijo que no existía la posibilidad de que salieran juntos.
Se sentía tan suave que no resistió pasar a los senos de la joven inexplorados y vírgenes ante cualquier toque, mientras tanto ella gemía de dolor e incapacidad, le era imposible creer que ese joven tan inteligente y presumido la estuviera violando sin reparo.
Toda ella era un manjar para el muchacho, que disfrutaba con cada gemido, temblor, sudor, quejido o llanto que ella soltaba para evitar la peor parte de la invasión a su cuerpo.
* Vaya que si eras virgen, pero ahora va a pasar lo que más me gusta – le dijo él y en segundos acomodó su pene frente a la entrada de su intimidad hasta que en segundo el empezó un ritmo de mete y saca que desató el dolor de Mariana – Ahora lo vamos a repetir todos los viernes – le decía él.
* Por favor detente Augusto, me duele – le rogaba ella.
Pasaron unos minutos hasta que él terminó, se alejó de ella y se vistió, la soltó y sacando la corbata de su traje de oficina que acababa de tirar hace unos minutos por hacer realidad esa fantasía de hace años de tomar a la indomable chica que ignoraba a todos los muchachos.
La abrazó unos minutos y la metió en el baño abriendo la ducha para que ella se bañara, desde afuera le decía.
* Báñate y deja de llorar que la verdad la pasamos increíble – le decía cínicamente.
* Cómo te atreves, me violaste y haces como si nada – gritando.
* Sólo te obligué a disfrutar del sexo – pausadamente – Fuiste una niña buena y por eso te voy a dar un premio, pero además quiero que seas mi novia, ya que eres algo bueno para mostrar, así que vístete que nos vamos a tomar algo – le dijo.
* No, voy a denunciarte y no podrás tocarme nunca más – llorando.
Entonces él entró al baño con rabia y bajándose el pantalón, se acercó a ella y la empujó sobre la pared, la alzó hasta su altura y se dispuso a besarla y tocarla desnuda como estaba.
* No por favor – le dijo.
* Si no quieres ser madre antes de tiempo, no me provoques – le dijo – aunque yo creo que serías una buena candidata al fin y al cabo mi padre te aprecia y me gustaría tocarte mucho más tiempo y tenerte otra vez entre mis manos.
* No – gritando.
Sacó un condón y en menos de un minuto volvió a tomarla en el baño en contra de su voluntad hasta que estuvo saciado de los deseos sobre esa mujer que estuvo esquiva tanto tiempo, así que terminado salió del baño y de la oficina, no sin antes decirle suavemente.
* Te espero esta noche en mi casa para cenar con mis padres, de lo contrario esto se va a repetir muchas veces, quieras o no quieras.












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