Lo que más me gusta de la última escena de Stoya: Scream (2009) es la original historia sobre la crueldad a la que un vegetariano puede ser sometido. En cierto modo me recuerda a aquella otra historia del director Fassbinder que junto a su esposa y unos amigos se encontraba en un restaurante cuando el camarero le preguntó a la mujer que tenía pensado comer. Como vegetariana extrema que era pidió una ensalada, a lo que el cruel marido añadió: “por cada filete que te comas, te ganas un polvo”. Con actitud dócil, hizo una seña al camarero y pidió un trozo de carne que acabó vomitando en el WC…
Esto más o menos es lo que veremos a continuación con Stoya y el enorme Evan Stone, aunque en lugar de obligar a la mujer de porcelana a comer el bistec, eyaculará sobre el para que ella deleite el sabor del esperma de una polla que previamente ha estado en su culo.











